Desde hace tres años, desde la vuelta de los talibanes al poder, las niñas de Afganistán no pueden asistir a la educación secundaria. Pese a que necesitan desesperadamente una educación básica, sus derechos han sido sistemáticamente cercenados bajo el régimen de ‘apartheid de género’ de los talibanes.
A principios de julio en Qatar, Naciones Unidas y representantes de otros países lograron sentarse con los talibanes para hablar de los diferentes problemas que vive Afganistán, pero los derechos de las niñas (y mujeres) no figuraron en el orden del día de las conversaciones (tampoco hubo participación de las organizaciones de mujeres afganas y en general de las organizaciones de la sociedad civil).
Los talibanes insistieron (e insisten) en que no aceptarán el asesoramiento internacional sobre esta cuestión. En una flagrante violación del derecho internacional (y despreciando nuestra humanidad común), los talibanes han dejado de lado la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño.
La única respuesta aceptable a este abuso es seguir exigiéndoles a los talibanes que presten atención a las preocupaciones de la comunidad internacional. Aunque el régimen no escuche a la ONU, que ha condenado sus violaciones, puede responder a la presión de sus compatriotas musulmanes, quienes muchos de ellos han advertido que negarse a desarrollar el potencial de la mitad de la población está poniendo en peligro el futuro de Afganistán.
Un futuro sin ellas
Si las mujeres no pueden incorporarse a la población activa, Afganistán nunca se recuperará de sus décadas de guerras y pobreza extrema. Alrededor de la mitad de la población seguirá necesitando ayuda humanitaria.
Las niñas afganas sueñan con ser médicas, enfermeras, maestras, ingenieras, empresarias y mucho más. Quieren desempeñar su papel en la reconstrucción de un Afganistán fuerte, económicamente viable e independiente. No hay ninguna buena razón para que se les niegue esa oportunidad.
La política educativa talibán no sólo perjudica a las mujeres y las niñas. Según Human Rights Watch, se ha producido un descenso significativo en la calidad de la educación de los niños en ocho de las 34 provincias de Afganistán.
Otra consecuencia trágica de la exclusión de las niñas de la educación ha sido el aumento de los matrimonios forzados. Un reciente informe de ONU Mujeres documenta un aumento del 25 por ciento en la tasa de matrimonios infantiles, y la oenegé cita la prohibición de la educación como una de las principales causas.
En otros casos, las violaciones sistemáticas de los derechos de las niñas son cuestiones de vida o muerte. La angustia mental, la depresión y los intentos de suicidio van en aumento, y el riesgo de mortalidad materna -mujeres, niñas y jóvenes que mueren en el parto- parece haber aumentado al menos un 50 por ciento. Los datos de todo el mundo evidencian que la escolarización de las jóvenes puede reducir la mortalidad infantil (menores de cinco años) hasta la mitad, por lo que ahora debemos prepararnos para un aumento de la mortalidad infantil en Afganistán.
Estos abusos no se limitan a los niños. Los talibanes también han prohibido que las maestras y las mujeres trabajen en la administración pública y en las universidades, y han asfixiado a la sociedad civil afgana. Tras la suspensión del derecho de las mujeres a trabajar en oenegés nacionales e internacionales, a muchas de estas organizaciones les ha resultado imposible seguir funcionando y prestando servicios básicos en el país.
El futuro de Afganistán depende de que se reviertan estas prohibiciones. Por cada año de escolarización adicional que un país proporciona a sus niños, puede esperar hasta un 18 por ciento de retorno en el PIB per cápita. Por cada dólar gastado en la educación de las niñas, Afganistán generaría 2,80 dólares en ingresos futuros. Pero si las mujeres no pueden incorporarse a la población activa, Afganistán nunca se recuperará de sus décadas de guerras y pobreza extrema. Alrededor de la mitad de la población seguirá necesitando ayuda humanitaria.
Las voces de las niñas
Valientes niñas afganas, con el apoyo de la innovadora campaña #AfghanGirlsVoices de la fundación La educación no puede esperar, están exigiendo el fin del apartheid de género de los talibanes. Las escuelas clandestinas, la educación en el hogar y el aprendizaje a distancia pueden ayudar. En 2023, las inversiones de La educación no puede esperar en Afganistán llegaron a casi 200.000 niñas y niños a través de programas educativos comunitarios.
Pero a pesar de la abrumadora demanda de las niñas, nuestros socios sobre el terreno están luchando contra la resistencia clerical, especialmente en bastiones talibanes como Helmand y Kandahar, en el suroeste del país. Las autoridades deben de saber que Afganistán no recibirá financiación para la educación hasta que restablezca el pleno acceso de las niñas.
Mientras tanto, podemos hacer más para llegar a las niñas afganas ampliando la oferta de cursos en línea y por radio en el resto del mundo. Eso significa reclutar a más universidades y escuelas para que ofrezcan cursos online y pongan a disposición sus planes de estudio.
También hay otras formas de presionar a los dirigentes talibanes. Sabemos que no todos los talibanes están de acuerdo con la actual discriminación de sus hijas, hermanas y esposas. Otros países pueden aumentar la presión sobre el régimen a través de sus propios marcos jurídicos nacionales, por ejemplo, sancionando a los dirigentes talibanes que más se resisten a los derechos de las niñas.
Los países predominantemente musulmanes tienen un papel especialmente importante que desempeñar. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar -que durante mucho tiempo ha actuado como mediador entre los talibanes y Occidente- ha presionado para que se ponga fin a las prohibiciones; los saudíes han criticado a los talibanes por no concederles “a las mujeres afganas sus plenos derechos legítimos, el principal de los cuales es el derecho a la educación, que contribuye a apoyar la seguridad, la estabilidad, el desarrollo y la prosperidad en Afganistán”; y los Emiratos Árabes Unidos han denunciado la política como una violación de “las enseñanzas del Islam, y debe ser rápidamente revocada”.
Las enseñanzas islámicas sí apoyan la educación de las niñas -‘Iqra’, que significa leer, es la primera palabra del Corán- y el resto del mundo musulmán la promueve. “La búsqueda del conocimiento es obligatoria para todo musulmán”, afirma Al-Tirmidhi (colector de hadices), Hadiz (dicho) 74, una de las seis enseñanzas canónicas del Islam suní, que subraya el profundo compromiso de la fe con el aprendizaje tanto de parte de hombres como de mujeres.
Las niñas afganas no deben quedar excluidas de este compromiso. Ellas, y los defensores de los derechos de las niñas de todo el mundo, tienen que saber que ésta es una batalla que todavía se puede ganar.