A mi madre:

María Dolores Torres Ulloa. Nació el 10 de abril del año 1936 y partió con el señor el 22 de mayo del 2026.

Madre usted no necesitó títulos ni diplomas. Porque su vida fue un evangelio abierto

Mama hoy es tu día en la tierra, y el mío de extrañarte más.

Te fuiste al Cielo el 22 de mayo del 2026, y yo me quedé aquí aprendiendo a vivir con un pedazo del corazón en el cielo contigo. Cidra de Toma, Naranjito, La piña, Santiago… recorriste el mundo con tus 11 hijos en la falda, 4pueblo, 1 sola misión: que sus hijos tuvieran más futuro del que usted tuvo y hoy recorres el cielo cuidándonos desde allá.

La mayor herencia que me dejo fue la fe y el temor a dios, ayudar al prójimo, sin dejar de corregirnos cuando algo no estaba bien, pese al amor y protección que nos daba. Les enseñaba que Jesús es amigo, que la Virgen es madre, que rezar es hablar con quien más nos ama.

Mamá, te pido algo: no me sueltes. Sigue sosteniéndome, cuando la vida me quede grande, cuando me falte fe, cuando llore en silencio como tú hacías. Tú que eras catequista, enséñame ahora a hablar con Dios sin palabras. Tú que dabas té para el dolor, mándame consuelo en sueños.

Y a ti que estás leyendo esto y todavía tienes a tu mamá viva: abrázala hoy. Dile “gracias” aunque no te salgan las palabras. Escucha su historia, aunque ya te la sepas. Tómale la mano, aunque tenga las venas marcadas de tanto trabajar.

No esperes a que se vaya al cielo para decirle todo lo que significa. Porque cuando se van, uno entiende que las madres no mueren… pero el abrazo sí se acaba aquí en la tierra.

Mamá, tú me enseñaste que “El amor nunca deja de ser” 1 Corintios 13:8. Y es verdad. Tu amor me llega todos los días en el olor del café, en un consejo que me sale de la boca sin pensar, en la fuerza para seguir con mis razones para vivir: mis hijos, hermanos y amigos, aunque no se comporten como uno espera. Recuerdo que siempre nos decía, vence el mar con el bien, para que les dé vergüenza a los que tienen.

Gracias, mi estimada madre por ser mi primera escuela, mi primera iglesia, mi primera bodega donde siempre había pan fiado. Gracias por hacerme hija de una mujer como usted, mi doña como les decíamos o mi generala.

Hoy no te compro flores, mamá. Te mando oraciones. Y prometo honrarte cuidando a los tuyos, enseñando oficio a las mujeres, y fiando esperanza a quien la necesite. Como tú.

Hasta que Dios me llame y te encuentre en la puerta del cielo, remendando mi vestido blanco.

Te amo por siempre, mamá.

Tu hija, Fresa Torres