Madrid, EFE.– En el momento de mayor número de conflictos armados desde 1946, las mujeres no solo sufren de manera desproporcionada la guerra, sino que son el primer y más efectivo escudo de contención y atención humanitaria. Antes que las agencias internacionales o los convoyes de ayuda logren sortear los frentes y las restricciones que algunos países ponen de acceso a la población, las redes locales de mujeres están atendiendo y cuidando en primera línea. Sin embargo, esta labor crucial enfrenta la asfixia financiera provocada por los recortes de la ayuda internacional y la histórica exclusión de las mujeres en las mesas donde se negocia la paz.