En plena Revolución Francesa, cuando el lema de “libertad, igualdad y fraternidad” prometía una nueva era de derechos, la dramaturga y escritora Olympe de Gouges (1748-1793) denunció que esa igualdad excluía a la mitad de la población. Con una pluma desafiante y una firme defensa de la justicia, se convirtió en una de las primeras mujeres en exigir públicamente que las mujeres fueran reconocidas como ciudadanas con los mismos derechos políticos que los hombres, un pensamiento que décadas más tarde inspiraría el movimiento por el sufragio femenino.

Nacida como Marie Gouze el 7 de mayo de 1748 en Montauban, Francia, quedó viuda a una edad temprana y decidió trasladarse a París, donde adoptó el nombre de Olympe de Gouges para iniciar una carrera como escritora y dramaturga. En la capital francesa comenzó a frecuentar círculos intelectuales y políticos, utilizando el teatro y los ensayos como herramientas para denunciar las injusticias sociales.

A lo largo de su vida escribió numerosas obras sobre temas considerados revolucionarios para su época, entre ellos la esclavitud, la pobreza, el matrimonio, los derechos civiles y la igualdad entre hombres y mujeres. Su obra teatral La esclavitud de los negros (L’Esclavage des Noirs) criticó el comercio de personas esclavizadas, convirtiéndola también en una de las primeras voces abolicionistas de Francia.

Su mayor legado llegó en 1791 con la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, un documento que respondió directamente a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada dos años antes por la Asamblea Nacional francesa, la cual ignoraba los derechos de las mujeres.

En este texto histórico, Olympe de Gouges sostuvo que las mujeres nacían libres y debían disfrutar de los mismos derechos políticos, civiles y legales que los hombres. Defendió su participación en la elaboración de las leyes, el acceso a los cargos públicos, la igualdad ante la justicia, el derecho a la propiedad, a la educación y a expresar libremente sus opiniones.

Uno de los planteamientos más innovadores de su declaración fue afirmar que, si las mujeres podían ser castigadas por las leyes del Estado, también debían tener el derecho de participar en su creación y en la elección de quienes las gobernaban. Aunque el sufragio femenino aún no era una demanda organizada como movimiento político, esta idea representó uno de los primeros argumentos modernos en favor de la participación electoral de las mujeres.

Sus escritos rompieron con la visión tradicional que relegaba a las mujeres al ámbito doméstico y defendieron que la ciudadanía no podía limitarse al sexo masculino. Estas ideas influyeron posteriormente en las pensadoras y activistas que, durante los siglos XIX y XX, lideraron las campañas por el derecho al voto en Europa y América.

La firme defensa de sus convicciones también la convirtió en una figura incómoda durante el período del Terror de la Revolución Francesa. Criticó los excesos del gobierno revolucionario y defendió la libertad de expresión, posiciones que le valieron ser arrestada por el Comité de Salvación Pública.

El 3 de noviembre de 1793 fue condenada a muerte y ejecutada en la guillotina, a los 45 años. Antes de su ejecución dejó un legado intelectual que sobrevivió a los intentos por silenciar su voz y que sería reivindicado por generaciones posteriores de feministas.

Aunque Francia no reconoció el derecho al voto de las mujeres hasta 1944, más de 150 años después de la publicación de su declaración, las ideas de Olympe de Gouges sirvieron de inspiración para quienes defendieron la igualdad política y la participación de las mujeres en la vida pública.

Hoy es considerada una de las grandes precursoras del feminismo moderno y de los derechos humanos. Su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana continúa siendo un referente histórico en la lucha por la igualdad de género y un antecedente fundamental del movimiento sufragista. Al afirmar que las mujeres debían ser reconocidas como ciudadanas plenas, Olympe de Gouges abrió el camino para que generaciones posteriores reclamaran el derecho al voto y la participación política en igualdad de condiciones.