La historia del sufragio femenino en Estados Unidos no puede entenderse sin el nombre de Susan B. Anthony (1820-1906). Escritora, conferencista y una de las principales líderes del movimiento por los derechos de las mujeres, dedicó más de cinco décadas a exigir la igualdad política y civil, convirtiéndose en una figura decisiva para la conquista del voto femenino en el país.

Nacida el 15 de febrero de 1820 en Adams, Massachusetts, Anthony creció en una familia cuáquera que promovía la educación, la igualdad y el compromiso con las causas sociales. Desde joven trabajó como maestra, pero pronto descubrió que las mujeres recibían salarios considerablemente inferiores a los de los hombres por realizar el mismo trabajo, una experiencia que despertó su interés por la defensa de los derechos femeninos.

Su activismo comenzó en los movimientos abolicionistas y en las campañas contra la esclavitud. Sin embargo, comprendió que las mujeres enfrentaban sus propias formas de discriminación al carecer de derechos políticos y legales, por lo que decidió concentrar sus esfuerzos en la lucha por la igualdad de género.

En 1851 conoció a la escritora y activista Elizabeth Cady Stanton, con quien formó una de las alianzas más influyentes en la historia del movimiento sufragista. Mientras Stanton destacaba por su capacidad para redactar discursos y manifiestos, Anthony se convirtió en la gran organizadora del movimiento, recorriendo miles de kilómetros para ofrecer conferencias, coordinar campañas y movilizar a la ciudadanía.

Juntas impulsaron la creación de organizaciones dedicadas exclusivamente a defender los derechos políticos de las mujeres. En 1869 fundaron la National Woman Suffrage Association (NWSA), desde donde promovieron una reforma constitucional que garantizara el derecho al voto femenino en todo Estados Unidos.

Además de su intensa actividad como conferencista, Susan B. Anthony utilizó la escritura como una herramienta para promover el cambio social. Publicó numerosos artículos y folletos en defensa de la igualdad y, junto con Stanton y otras líderes, dirigió el periódico The Revolution, cuyo lema era: “Los hombres, sus derechos y nada más; las mujeres, sus derechos y nada menos”. Desde sus páginas denunciaron las desigualdades legales, laborales y políticas que enfrentaban las mujeres estadounidenses.

Uno de los episodios más emblemáticos de su vida ocurrió en 1872, cuando decidió votar en las elecciones presidenciales, pese a que la ley prohibía el sufragio femenino. Fue arrestada, juzgada y condenada a pagar una multa de 100 dólares, que nunca aceptó pagar. Su juicio se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos civiles y atrajo la atención nacional sobre la exclusión política de las mujeres.

Durante décadas, Anthony promovió una enmienda constitucional que prohibiera negar el derecho al voto por razón de sexo. Aunque no llegó a ver concretado ese objetivo, nunca abandonó su labor de organización, educación y presión política, convencida de que el sufragio era la llave para conquistar el resto de los derechos de las mujeres.

Susan B. Anthony falleció el 13 de marzo de 1906, catorce años antes de que se alcanzara la victoria por la que dedicó su vida. En 1920, Estados Unidos aprobó la Decimonovena Enmienda de la Constitución, que reconoció el derecho al voto de las mujeres en todo el país. Debido a la influencia decisiva de Anthony en esta conquista, la reforma fue conocida popularmente durante años como la “Enmienda Susan B. Anthony”.

Su legado trascendió el sufragio femenino. También defendió el acceso de las mujeres a la educación superior, la igualdad salarial, el derecho a la propiedad y la participación plena en la vida pública, contribuyendo a transformar el debate sobre la igualdad de género en Estados Unidos.

Hoy, Susan B. Anthony es recordada como una de las figuras más influyentes en la historia de los derechos civiles estadounidenses. Su liderazgo, sus escritos y su incansable labor de organización ayudaron a convertir el sufragio femenino en una causa nacional y sentaron las bases para que millones de mujeres ejercieran por primera vez el derecho al voto. Su legado continúa siendo un referente en la defensa de la igualdad, la participación política y los derechos humanos.