Sara Bernardo

Oviedo

Durante años, cuando una mujer entraba en el Ejército, se encontraba un problema estructural: los uniformes no estaban diseñados para su cuerpo. “Si no se ajusta bien, podría entrar una bala”, advirtió este miércoles Ana García ÁlvarezOficial Superior de Programas y Jefa del Equipo de Paridad de Género en Naciones Unidas, en un acto organizado por la Federación de Empresarias y Directivas de Asturias (FEDA) en el que desgranó los avances (y las carencias) de la organización en materia de igualdad.

La anécdota ilustra hasta qué punto la incorporación de mujeres a las misiones de paz ha obligado a replantear aspectos básicos del funcionamiento de la institución. Por primera vez, Naciones Unidas ha adaptado el equipamiento de protección a la anatomía femenina, una medida que, según García Álvarez, “tiene repercusiones directas en la seguridad del personal desplegado”.

El cambio no llega solo. Forma parte de una estrategia más amplia impulsada desde 2018 para aumentar la presencia de mujeres en operaciones de paz, donde siguen siendo minoría. Entonces representaban apenas un 5%, hoy rondan el 10%. “Puede parecer poco, pero hablamos de una fuerza de más de 40.000 personas y de un ámbito donde muchos países apenas tienen mujeres en sus ejércitos“, explicó.

Pero esta presencia femenina no responde únicamente a una cuestión de equidadNaciones Unidas defiende que mejora la eficacia de las misiones. García Álvarez puso como ejemplo de la República Centroafricana, en la frontera con Sudán, donde tropas internacionales patrullan campos de refugiados tras la reciente guerra civil sudanesa.

Allí, las mujeres uniformadas desempeñan un papel clave en tareas sensibles como la prevención de la violencia sexual en contextos de conflicto o el contacto con la población civil. “Hay comunidades donde el acceso a las mujeres es mucho más fácil si hay mujeres desplegadas”, señaló.

Además, su participación aporta enfoques distintos en situaciones críticas. La responsable recordó el caso de una operación de traslado de población en la que solo una mujer reparó en que los niños no podían subir a los vehículos previstos. “Son detalles que pueden pasar desapercibidos, pero que marcan la diferencia”, afirmó.

También se ha constatado la capacidad de las féminas para la mediación y la desescalada de conflictos, una habilidad especialmente valorada en entornos de alta tensión. “Está demostrado que los equipos mixtos funcionan mejor”, subrayó la experta.

La estrategia de paridad de género no se limita al despliegue. Según García Álvarez, se trata de una transformación institucional. “No es una agenda para las mujeres, es una agenda para mejorar la organización“, apuntó.

Entre las medidas adoptadas figuran requisitos mínimos de candidatas en los procesos de selección, programas de formación específicos (como los destinados a reforzar la confianza de las aspirantes) y la adaptación de los campamentos donde vive el personal desplegado, incorporando criterios de privacidad y habitabilidad.

El trabajo, sin embargo, es principalmente políticoNaciones Unidas no contrata directamente a militares o policías, sino que depende de los países miembros, que deben nominar al personal. “Es una conversación constante con los Estados“, explicó. Si un país no presenta suficientes candidatas, la organización insiste. “Nos alegan que por cuestiones culturales las mujeres no suelen ir a situaciones de peligro, pero al final ceden y acaban incorporándolas”, explica.

Aun así, García Álvarez lanzó un mensaje de cautela optimista: “Si estamos consiguiendo avances en un sector tan complejo como el militar, se pueden lograr en cualquier ámbito“.