Cifra de fallecidos por terremotos en Venezuela aumenta a 4,829

Caracas. El número de fallecidos por los dos devastadores terremotos que sacudieron Venezuela a finales de junio ascendió a cuatro mil 829, informaron hoy autoridades del país.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, precisó en un mensaje difundido por Telegram que otras 16 mil 740 personas resultaron heridas.

Añadió que rescatistas y familiares de las víctimas continúan la búsqueda de desaparecidos entre los escombros en la ciudad de La Guaira, tres semanas después de los sismos.

Al menos 20 mil 857 personas permanecen en campamentos superpoblados, la mayoría de los cuales carecen de agua potable y sistemas adecuados de saneamiento.

Los terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, se registraron con menos de un minuto de diferencia el 24 de junio y provocaron una destrucción generalizada en el costero estado de La Guaira, situado al norte de Caracas.

fm/ed

Investigan muerte de seis reclusas en penal de Santa Martha

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) investiga la muerte de seis mujeres que se encontraban bajo custodia en el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla.

A través de un comunicado, el organismo informó que “avanza en la investigación de los casos y mantiene acciones de monitoreo para identificar y atender los factores estructurales relacionados con estos hechos en ese y otros centros de reclusión de la Ciudad de México, así como las posibles responsabilidades de las autoridades”.

La indagatoria se realiza a partir de seis quejas por presuntas violaciones a derechos humanos, de las cuales cuatro fueron presentadas por personas peticionarias y dos se iniciaron de oficio. La Segunda Visitaduría General de la CDHCM es la encargada de integrar los expedientes.

Como parte del procedimiento, la Comisión detalló que “realiza visitas semanales a los centros de reclusión, sostiene reuniones periódicas con las autoridades responsables para dar seguimiento a las condiciones de internamiento y a los procesos de ejecución penal, y mantiene comunicación permanente con personas privadas de la libertad y sus familiares”.

El organismo público autónomo señaló que dará seguimiento a los casos con el objeto de “contribuir a la protección de los derechos de las personas privadas de la libertad, prevenir nuevas vulneraciones y, en su caso, emitir las determinaciones que conforme a sus atribuciones resulten procedentes”.

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Foto: Cuartoscuro

PAN denuncia muertes en penal de Santa Martha

El pasado 6 de julio, la diputada del Partido Acción Nacional en el Congreso de la Ciudad de México, Olivia Garza, exigió a la Fiscalía de CDMX investigar la posible responsabilidad de autoridades penitenciarias tras la muerte de seis mujeres privadas de la libertad en el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla en un lapso de 90 días.

La legisladora presentó una denuncia de hechos para que se esclarezcan los fallecimientos ocurridos entre el 12 de marzo y el 12 de junio de 2026. Las mujeres sin vida son Rosa, Vanessa, Viridiana, María Elena, Mónica Valeria y Diana Laura.

Lamentó que, pese a la gravedad de los hechos, el centro penitenciario continúe operando.

“Seis mujeres muertas en tres meses dentro de un penal, no puede verse como una estadística más; no es normal, no puede normalizarse y alguien tiene que responder por lo que está pasando en Santa Martha Acatitla”, dijo.

Rabab Fatima es nombrada como nueva jefa de la misión de la ONU en Afganistán

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha nombrado a la bangladeshí Rabab Fatima como nueva representante especial para Afganistán y jefa de la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA), cargo en el que sucede a la kirguisa Roza Otunbayeva, a quien ha dado las gracias por su “dedicado servicio”.

La ONH ha destacado que Fatima, que en la actualidad es vice secretaria general y Alta Representante para Países Menos Adelantados, Países en Desarrollo sin Litoral y los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (UN-OHRLLS), tiene “más de 30 años de experiencia en servicio civil nacional e internacional”.

Previamente, fue embajadora y representante permanente de Bangladesh ante la ONU entre 2019 y 2022, además de ser presidenta de la Junta Ejecutiva de UNICEF en 2022 y de ONU Mujeres en 2022. Además, fue la primera mujer elegida como presidenta de la Comisión de Pacificación, en 2022, y fue vicepresidenta de la 77ª sesión de la Asamblea General de la ONU.

La diplomática fue además embajadora de Bangladesh en Japón, directora general del Ministerio de Exteriores bangladeshí y ocupó diversos cargos en la cartera, además de tener cargos en la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), todo ello parte de la experiencia considerada por Naciones Unidas de cara a su nombramiento al frente de la UNAMA.

La misión fue establecida en marzo de 2022 a través de la resolución 1401 del Consejo de Seguridad de la ONU, después de la invasión encabezada por Estados Unidos tras los ataques del 11-S. La ofensiva derrocó a los talibán, que sin embargo regresaron al poder en agosto de 2021 tras una ofensiva a gran escala en plena retirada internacional tras el acuerdo de paz firmado un año antes con Washington.

Elvia Carrillo Puerto: la feminista y escritora que impulsó el sufragio femenino en México

Reconocida como una de las principales pioneras del feminismo mexicano, Elvia Carrillo Puerto (1878-1968) dedicó más de medio siglo a defender los derechos políticos, sociales y económicos de las mujeres. Maestra, escritora, activista y política, utilizó sus publicaciones, conferencias y trabajo comunitario para promover la igualdad de género y el derecho al voto, convirtiéndose en una figura clave en el camino que llevó al reconocimiento del sufragio femenino en México.

Nacida el 6 de diciembre de 1878 en Motul, Yucatán, Elvia Carrillo Puerto creció en una familia comprometida con las ideas liberales y el progreso social. Desde joven se interesó por la educación y por las condiciones de vida de las mujeres indígenas y campesinas, quienes enfrentaban profundas desigualdades en una sociedad donde las oportunidades para ellas eran prácticamente inexistentes.

Convencida de que la transformación social debía comenzar con la educación, trabajó como maestra y organizó grupos femeninos en distintas comunidades de Yucatán. A través de estas organizaciones promovió la alfabetización, la capacitación laboral y el conocimiento de los derechos civiles, buscando que las mujeres adquirieran independencia económica y una mayor participación en la vida pública.

Su activismo se fortaleció durante la Revolución Mexicana, período en el que impulsó la creación de ligas feministas y campesinas. Desde estos espacios promovió el acceso de las mujeres a la educación, la reforma agraria, la salud, la planificación familiar y, especialmente, el reconocimiento de sus derechos políticos.

Además de su trabajo organizativo, Elvia Carrillo Puerto recurrió a la escritura como una herramienta para difundir sus ideales. Publicó artículos en periódicos y revistas de la época, donde denunció la discriminación que sufrían las mujeres y defendió la necesidad de garantizarles igualdad de oportunidades. Sus textos sostenían que las mujeres debían participar activamente en la toma de decisiones nacionales y que el derecho al voto era un requisito indispensable para alcanzar una democracia auténtica.

Sus escritos también abordaron la situación de las mujeres rurales e indígenas, destacando que la exclusión política profundizaba la pobreza y la desigualdad. Para Carrillo Puerto, el sufragio femenino no solo representaba un derecho ciudadano, sino también una herramienta para impulsar cambios sociales que beneficiaran a las comunidades más vulnerables.

Gracias a su liderazgo, en Yucatán surgió uno de los movimientos feministas más importantes de México durante las primeras décadas del siglo XX. Sus ideas contribuyeron a que ese estado se convirtiera en un referente nacional en la promoción de los derechos políticos de las mujeres.

En 1923 hizo historia al ser elegida diputada local en el Congreso de Yucatán, convirtiéndose en una de las primeras mujeres mexicanas en ocupar un cargo de representación popular. Sin embargo, tras el asesinato de su hermano, el entonces gobernador socialista Felipe Carrillo Puerto, fue víctima de persecución política y amenazas, lo que la obligó a abandonar temporalmente su actividad pública.

Lejos de abandonar la lucha, continuó recorriendo el país impartiendo conferencias y organizando asociaciones feministas. Durante décadas insistió en la necesidad de reformar la Constitución para reconocer el derecho de las mujeres a votar y ser elegidas para cargos públicos.

Su perseverancia dio frutos en 1953, cuando el Estado mexicano aprobó la reforma constitucional que reconoció el sufragio femenino a nivel nacional. Aunque esta conquista fue resultado del esfuerzo colectivo de numerosas activistas, Elvia Carrillo Puerto fue ampliamente reconocida como una de sus principales impulsoras, al haber dedicado gran parte de su vida a esa causa.

Por su incansable labor recibió el reconocimiento de diversas organizaciones nacionales e internacionales y fue conocida como “La Monja Roja del Mayab”, un sobrenombre que reflejaba tanto su compromiso social como su firme defensa de la igualdad.

Elvia Carrillo Puerto falleció el 15 de abril de 1968, dejando un legado que trascendió el ámbito político. Sus escritos, conferencias y acciones ayudaron a transformar la percepción del papel de las mujeres en la sociedad mexicana y fortalecieron el movimiento que hizo posible el reconocimiento de sus derechos políticos.

Hoy es recordada como una de las grandes precursoras del sufragio femenino en México. Su defensa de la educación, la participación política y la igualdad de derechos contribuyó a abrir espacios para que millones de mujeres ejercieran plenamente su ciudadanía. Su legado continúa siendo un referente en la lucha por la democracia, la justicia social y la igualdad de género.

Flora Tristán: la escritora que unió la lucha por los derechos de las mujeres y la justicia social

Mucho antes de que el sufragio femenino se convirtiera en una demanda organizada en Europa y América, la escritora y pensadora Flora Tristán (1803-1844) denunció la desigualdad que enfrentaban las mujeres y defendió su derecho a la educación, al trabajo digno y a una ciudadanía plena. Sus obras marcaron un hito en la historia del pensamiento feminista al vincular la emancipación femenina con la justicia social, influyendo en las generaciones que más tarde impulsarían el derecho al voto de las mujeres.

Nacida el 7 de abril de 1803 en París, hija de un militar peruano y una madre francesa, Flora Tristán vivió una infancia marcada por la inestabilidad económica. Tras la muerte de su padre, la familia quedó desprotegida debido a que el matrimonio de sus padres no había sido reconocido legalmente en Francia, situación que le impidió acceder a la herencia familiar. Esa experiencia la llevó a comprender, desde muy joven, las consecuencias de las leyes que negaban a las mujeres igualdad de derechos.

En su juventud trabajó como obrera en un taller de litografía y contrajo matrimonio con André Chazal, una relación marcada por la violencia y el control. Después de separarse, enfrentó una intensa persecución por parte de su esposo, quien incluso atentó contra su vida. Estos acontecimientos fortalecieron su compromiso con la defensa de las mujeres víctimas de la discriminación y la violencia, temas que más tarde ocuparían un lugar central en sus escritos.

Flora Tristán dedicó gran parte de su vida a viajar y documentar las condiciones sociales de los sectores más vulnerables. En 1838 publicó Peregrinaciones de una paria, una obra autobiográfica en la que relató su viaje al Perú y denunció las limitaciones legales y sociales impuestas a las mujeres, así como las profundas desigualdades de clase existentes en la sociedad.

Su obra más influyente apareció en 1843 con la publicación de La Unión Obrera (L’Union Ouvrière), un ensayo en el que defendió la organización de la clase trabajadora y sostuvo que la igualdad social solo sería posible si las mujeres participaban plenamente en ese proceso. En este texto afirmó que la emancipación de los trabajadores no podía alcanzarse sin la emancipación de las mujeres, una idea revolucionaria para la época.

A través de sus escritos, Tristán denunció que las mujeres carecían de derechos civiles, educativos y económicos, y criticó un sistema que las mantenía subordinadas tanto en el hogar como en la vida pública. Defendió el acceso femenino a la educación, al empleo remunerado y a la independencia económica como condiciones indispensables para alcanzar una verdadera igualdad.

Aunque Flora Tristán falleció en 1844, antes de que el sufragio femenino se convirtiera en una demanda política organizada, sus ideas ayudaron a transformar la manera en que se entendía la ciudadanía. Al sostener que las mujeres debían ser consideradas sujetos de derechos y participar plenamente en la construcción de la sociedad, proporcionó argumentos que más tarde serían retomados por los movimientos sufragistas en Europa y América.

Sus escritos también influyeron en el desarrollo del feminismo socialista y en pensadoras que defendieron la igualdad política durante la segunda mitad del siglo XIX. La relación que estableció entre la desigualdad de género y la injusticia social permitió ampliar el alcance del movimiento feminista, integrando la lucha por los derechos laborales, educativos y políticos de las mujeres.

Además de su legado intelectual, Flora Tristán es reconocida por haber recorrido ciudades francesas promoviendo la organización de los trabajadores y difundiendo sus ideas mediante conferencias y publicaciones, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en desarrollar una campaña nacional de movilización social.

La escritora falleció el 14 de noviembre de 1844 en Burdeos, a los 41 años. Décadas después, cuando las sufragistas comenzaron a reclamar el derecho al voto, encontraron en sus planteamientos una sólida defensa de la igualdad y de la participación de las mujeres en la vida pública.

Hoy, Flora Tristán es considerada una de las precursoras del feminismo moderno y del pensamiento social contemporáneo. Sus escritos no promovieron directamente campañas por el sufragio femenino, pero sí establecieron principios fundamentales sobre la igualdad de derechos, la ciudadanía y la participación de las mujeres que inspiraron a las generaciones que finalmente conquistaron el voto femenino en numerosos países. Su legado continúa siendo un referente en la defensa de la justicia social, la igualdad de género y los derechos humanos.

Simone de Beauvoir: la filósofa cuyos escritos fortalecieron la lucha por la igualdad y los derechos políticos de las mujeres

La filósofa, escritora y ensayista Simone de Beauvoir (1908-1986) transformó el pensamiento contemporáneo sobre la condición femenina con una obra que marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad de género. Aunque desarrolló su trabajo en una época en la que las mujeres francesas ya habían obtenido el derecho al voto, sus escritos fortalecieron el movimiento feminista internacional y consolidaron la defensa de la participación plena de las mujeres en la vida política, económica y social.

Nacida el 9 de enero de 1908 en París, Beauvoir destacó desde muy joven por su brillante desempeño académico. Estudió Filosofía en la Universidad de París (La Sorbona), donde conoció al filósofo Jean-Paul Sartre, con quien mantuvo una estrecha relación intelectual que influyó en el desarrollo del existencialismo francés.

A lo largo de su carrera ejerció como profesora, novelista, ensayista y periodista. Su producción literaria incluye novelas como La invitada (1943), Los mandarines (1954), obra con la que obtuvo el Premio Goncourt, además de memorias y numerosos ensayos filosóficos que la convirtieron en una de las intelectuales más influyentes del siglo XX.

Su obra más trascendental fue El segundo sexo (Le Deuxième Sexe), publicada en 1949. Este ensayo revolucionó el pensamiento feminista al analizar las causas históricas, culturales y sociales de la desigualdad entre hombres y mujeres. En sus páginas formuló una de sus frases más célebres: “No se nace mujer: se llega a serlo”, con la que planteó que muchos de los roles asignados a las mujeres eran construcciones sociales y no características determinadas por la biología.

En este libro, Beauvoir examinó cómo las normas culturales, las instituciones y las tradiciones habían limitado durante siglos la autonomía femenina, restringiendo su acceso a la educación, al trabajo, a la independencia económica y a la participación política. Su análisis cuestionó profundamente las estructuras de poder que mantenían a las mujeres en una posición de subordinación.

Aunque el derecho al voto femenino ya había sido reconocido en Francia en 1944, El segundo sexo dio un nuevo impulso a los movimientos feministas que buscaban convertir esa igualdad jurídica en una igualdad real. Beauvoir sostuvo que el sufragio representaba un avance fundamental, pero advirtió que la ciudadanía plena solo sería posible cuando las mujeres pudieran participar en todos los ámbitos de la sociedad sin discriminación.

Sus escritos influyeron de manera decisiva en la llamada segunda ola del feminismo, desarrollada entre las décadas de 1960 y 1970, que amplió las reivindicaciones más allá del voto para incluir la igualdad laboral, la autonomía económica, los derechos reproductivos, la representación política y el combate a la violencia y la discriminación de género.

Además de su labor intelectual, Simone de Beauvoir participó activamente en diversas campañas por los derechos de las mujeres. En 1971 fue una de las firmantes del histórico “Manifiesto de las 343”, mediante el cual cientos de mujeres francesas reconocieron públicamente haber abortado para exigir la despenalización de esa práctica y el respeto a los derechos reproductivos.

Su influencia trascendió las fronteras de Francia. Sus libros fueron traducidos a decenas de idiomas y se convirtieron en textos fundamentales para organizaciones feministas, universidades y movimientos sociales en Europa, América Latina, África y otras regiones del mundo, donde sus ideas ayudaron a fortalecer las demandas de igualdad política y participación democrática.

Simone de Beauvoir falleció el 14 de abril de 1986 en París, dejando un legado intelectual que continúa inspirando los debates sobre igualdad de género y derechos humanos.

Hoy es reconocida como una de las pensadoras más influyentes del feminismo contemporáneo. Si bien no lideró las campañas que lograron el sufragio femenino, sus escritos contribuyeron a consolidar la idea de que el derecho al voto debía ir acompañado de una participación plena e igualitaria de las mujeres en la sociedad. Su obra reforzó los fundamentos filosóficos y políticos del feminismo moderno y dio nuevas herramientas a quienes continuaron luchando por la igualdad de derechos en todo el mundo.

Carmen Rojas denuncia haber sido víctima de violencia verbal durante el festival del Libro y la cultura dominicana en Nueva York

Por: Fresa Torres

Carmen Rojas, activista comunitaria por 30 años de lucha estudiantil; denuncia violencia verbal, durante los tres días del Festival de la Feria del Libro y la Cultura Dominicana desarrollada en el George Washington Educational Campus, en el sector Washington Heights, en Nueva York,

El acto de clausura fue encabezado por el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, acompañado de Rey Andújar, director de la Dirección de Cultura Dominicana en el Exterior (DCDEX) y los viceministros Pastor de Moya, de Identidad Cultural y Ciudadanía, y Amaury Sánchez, de Creatividad y Formación.

Rojas fue reconocida por el ministro de Cultura de la República Dominicana, Roberto Ángel Salcedo, por su trayectoria de más de 30 años defendiendo los derechos de los estudiantes. Rojas ha dedicado su vida a organizar huelgas estudiantiles, sentarse con directores de escuelas y acompañar a padres de niños maltratados para exigir mejores condiciones y más recursos para los planteles educativos de la comunidad dominicana.

Al recibir el reconocimiento, Rojas denunció haber sido víctima de violencia verbal en ese mismo escenario, precisamente por parte de mujeres que dirigen organizaciones dedicadas a luchar por la igualdad y a evitar los abusos contra la mujer.

La activista denuncia la escalada de agresiones, difamación y violencia política dirigida contra ella durante los tres días de la actividad.

Se recuerda que Carmen Rojas fue la única activista dominicana que dio apoyo público y firme a Darializa Davila Chevalier, quien el pasado 23 de junio derrotó al congresista Adriano Espaillat en las elecciones primarias del Partido Demócrata por el Distrito 13 de Nueva York.

La cual gano la Primaria Demócrata NY-13: Darializa Avila Chevalier: 32,790 votos, 49.4%Adriano Espaillat: 30,464 votos, 45.9%Oscar Romero: 2,340 votos, 3.5%Theo Chino-Tavarez: 532 votos, 0.8%Total de votos emitidos: 66,379.

Avila Chevalier, respaldada por el alcalde Zohran Mamdani, se perfila para ser la primera mujer dominicana en llegar al Congreso de los Estados Unidos. Al igual que Rojas, ha sido víctima de violencia racial, bullying, campañas de descrédito y agresiones sistemáticas por atreverse a desafiar el status quo político.

“Es una vergüenza ver a mujeres que dirigen organizaciones para defender mujeres, se dediquen a atacar mujeres”, declaró Carmen Rojas. “No es casualidad que me ataquen. Me atacan por ser mujer, afrolatina, migrante y por decir la verdad”.

Fustigamos enérgicamente la violencia de género, que cada día va en aumento tanto en Nueva York como en la República Dominicana. Cuando una mujer alza la voz, la atacan el doble: por mujer y por decir la verdad. Y cuando esa mujer es dominicana, negra y activista, el aparato político y mediático intenta silenciarla con más fuerza. No lo lograrán, Carmen Rojas no está sola. La comunidad está vigilante.

Emilia Pardo Bazán: la escritora que defendió la igualdad y abrió el camino hacia los derechos políticos de las mujeres

Aunque no fue una líder del movimiento sufragista, la escritora, periodista y ensayista Emilia Pardo Bazán (1851-1921) desempeñó un papel decisivo en la construcción del pensamiento feminista en España. A través de sus novelas, artículos y conferencias, denunció la discriminación que sufrían las mujeres y defendió su derecho a la educación, la independencia económica y la participación en la vida pública, ideas que contribuyeron a fortalecer las reivindicaciones que años después impulsarían el voto femenino.

Nacida el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña, en el seno de una familia acomodada, Pardo Bazán recibió una formación poco común para las mujeres de su época. Desde muy joven desarrolló una intensa pasión por la lectura y el conocimiento, convencida de que la educación era la herramienta fundamental para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

Su carrera literaria la convirtió en una de las autoras más importantes de la literatura española. Fue una de las principales representantes del naturalismo en España, corriente que incorporó a la narrativa española con obras como Los pazos de Ulloa (1886) y La madre naturaleza (1887), consideradas clásicos de la literatura universal.

Además de su producción novelística, escribió cientos de ensayos, artículos periodísticos y conferencias en los que abordó temas sociales, culturales y políticos. En estos textos cuestionó los estereotipos de género y criticó las limitaciones impuestas a las mujeres por una sociedad que restringía su acceso a la educación, al trabajo intelectual y a la toma de decisiones.

Uno de sus ensayos más influyentes fue La mujer española (1890), donde analizó la situación de las mujeres en España y denunció las desigualdades legales, educativas y sociales que enfrentaban. En sus escritos sostenía que las mujeres poseían las mismas capacidades intelectuales que los hombres y que su exclusión de la vida pública respondía a prejuicios culturales y no a diferencias naturales.

Pardo Bazán defendió con firmeza el acceso de las mujeres a la educación superior, una postura innovadora para finales del siglo XIX. Argumentaba que sin formación académica era imposible que las mujeres alcanzaran la autonomía necesaria para ejercer plenamente sus derechos como ciudadanas.

También rompió barreras en el ámbito intelectual. En 1916 se convirtió en la primera mujer en ocupar una cátedra de Literatura Contemporánea en la Universidad Central de Madrid, un logro que simbolizó el avance femenino en espacios tradicionalmente reservados a los hombres. Asimismo, intentó en varias ocasiones ingresar en la Real Academia Española, pero sus candidaturas fueron rechazadas únicamente por ser mujer, reflejando las profundas desigualdades existentes en la época.

Aunque Emilia Pardo Bazán no encabezó campañas específicas por el sufragio femenino, sus escritos ayudaron a transformar la percepción social sobre el papel de las mujeres. Al defender su capacidad intelectual y su derecho a participar en la vida pública, proporcionó argumentos que posteriormente serían utilizados por las organizaciones sufragistas españolas para reclamar la igualdad política.

Las ideas difundidas por la escritora influyeron en generaciones de feministas y parlamentarias que impulsaron el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres durante las primeras décadas del siglo XX. Ese proceso culminó con la aprobación del sufragio femenino en España en 1931, durante la Segunda República, gracias al liderazgo de figuras como Clara Campoamor, quien defendió en las Cortes el derecho de las mujeres a votar.

Emilia Pardo Bazán falleció el 12 de mayo de 1921, una década antes de que las españolas pudieran ejercer el voto por primera vez en unas elecciones generales. Sin embargo, su obra ya había contribuido a crear el clima intelectual necesario para que esa conquista fuera posible.

Hoy, Emilia Pardo Bazán es reconocida como una de las grandes escritoras de la literatura española y una de las principales precursoras del feminismo en España. Su defensa de la educación, la igualdad de oportunidades y la participación de las mujeres en la vida pública ayudó a desmontar prejuicios profundamente arraigados y fortaleció el movimiento que conduciría al reconocimiento del sufragio femenino. Su legado continúa siendo un referente en la lucha por la igualdad de derechos y la plena ciudadanía de las mujeres.

Susan B. Anthony: la líder sufragista que transformó la lucha por el voto femenino en Estados Unidos

La historia del sufragio femenino en Estados Unidos no puede entenderse sin el nombre de Susan B. Anthony (1820-1906). Escritora, conferencista y una de las principales líderes del movimiento por los derechos de las mujeres, dedicó más de cinco décadas a exigir la igualdad política y civil, convirtiéndose en una figura decisiva para la conquista del voto femenino en el país.

Nacida el 15 de febrero de 1820 en Adams, Massachusetts, Anthony creció en una familia cuáquera que promovía la educación, la igualdad y el compromiso con las causas sociales. Desde joven trabajó como maestra, pero pronto descubrió que las mujeres recibían salarios considerablemente inferiores a los de los hombres por realizar el mismo trabajo, una experiencia que despertó su interés por la defensa de los derechos femeninos.

Su activismo comenzó en los movimientos abolicionistas y en las campañas contra la esclavitud. Sin embargo, comprendió que las mujeres enfrentaban sus propias formas de discriminación al carecer de derechos políticos y legales, por lo que decidió concentrar sus esfuerzos en la lucha por la igualdad de género.

En 1851 conoció a la escritora y activista Elizabeth Cady Stanton, con quien formó una de las alianzas más influyentes en la historia del movimiento sufragista. Mientras Stanton destacaba por su capacidad para redactar discursos y manifiestos, Anthony se convirtió en la gran organizadora del movimiento, recorriendo miles de kilómetros para ofrecer conferencias, coordinar campañas y movilizar a la ciudadanía.

Juntas impulsaron la creación de organizaciones dedicadas exclusivamente a defender los derechos políticos de las mujeres. En 1869 fundaron la National Woman Suffrage Association (NWSA), desde donde promovieron una reforma constitucional que garantizara el derecho al voto femenino en todo Estados Unidos.

Además de su intensa actividad como conferencista, Susan B. Anthony utilizó la escritura como una herramienta para promover el cambio social. Publicó numerosos artículos y folletos en defensa de la igualdad y, junto con Stanton y otras líderes, dirigió el periódico The Revolution, cuyo lema era: “Los hombres, sus derechos y nada más; las mujeres, sus derechos y nada menos”. Desde sus páginas denunciaron las desigualdades legales, laborales y políticas que enfrentaban las mujeres estadounidenses.

Uno de los episodios más emblemáticos de su vida ocurrió en 1872, cuando decidió votar en las elecciones presidenciales, pese a que la ley prohibía el sufragio femenino. Fue arrestada, juzgada y condenada a pagar una multa de 100 dólares, que nunca aceptó pagar. Su juicio se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos civiles y atrajo la atención nacional sobre la exclusión política de las mujeres.

Durante décadas, Anthony promovió una enmienda constitucional que prohibiera negar el derecho al voto por razón de sexo. Aunque no llegó a ver concretado ese objetivo, nunca abandonó su labor de organización, educación y presión política, convencida de que el sufragio era la llave para conquistar el resto de los derechos de las mujeres.

Susan B. Anthony falleció el 13 de marzo de 1906, catorce años antes de que se alcanzara la victoria por la que dedicó su vida. En 1920, Estados Unidos aprobó la Decimonovena Enmienda de la Constitución, que reconoció el derecho al voto de las mujeres en todo el país. Debido a la influencia decisiva de Anthony en esta conquista, la reforma fue conocida popularmente durante años como la “Enmienda Susan B. Anthony”.

Su legado trascendió el sufragio femenino. También defendió el acceso de las mujeres a la educación superior, la igualdad salarial, el derecho a la propiedad y la participación plena en la vida pública, contribuyendo a transformar el debate sobre la igualdad de género en Estados Unidos.

Hoy, Susan B. Anthony es recordada como una de las figuras más influyentes en la historia de los derechos civiles estadounidenses. Su liderazgo, sus escritos y su incansable labor de organización ayudaron a convertir el sufragio femenino en una causa nacional y sentaron las bases para que millones de mujeres ejercieran por primera vez el derecho al voto. Su legado continúa siendo un referente en la defensa de la igualdad, la participación política y los derechos humanos.

Olympe de Gouges: la escritora que desafió la Revolución Francesa y sentó las bases de los derechos políticos de las mujeres

En plena Revolución Francesa, cuando el lema de “libertad, igualdad y fraternidad” prometía una nueva era de derechos, la dramaturga y escritora Olympe de Gouges (1748-1793) denunció que esa igualdad excluía a la mitad de la población. Con una pluma desafiante y una firme defensa de la justicia, se convirtió en una de las primeras mujeres en exigir públicamente que las mujeres fueran reconocidas como ciudadanas con los mismos derechos políticos que los hombres, un pensamiento que décadas más tarde inspiraría el movimiento por el sufragio femenino.

Nacida como Marie Gouze el 7 de mayo de 1748 en Montauban, Francia, quedó viuda a una edad temprana y decidió trasladarse a París, donde adoptó el nombre de Olympe de Gouges para iniciar una carrera como escritora y dramaturga. En la capital francesa comenzó a frecuentar círculos intelectuales y políticos, utilizando el teatro y los ensayos como herramientas para denunciar las injusticias sociales.

A lo largo de su vida escribió numerosas obras sobre temas considerados revolucionarios para su época, entre ellos la esclavitud, la pobreza, el matrimonio, los derechos civiles y la igualdad entre hombres y mujeres. Su obra teatral La esclavitud de los negros (L’Esclavage des Noirs) criticó el comercio de personas esclavizadas, convirtiéndola también en una de las primeras voces abolicionistas de Francia.

Su mayor legado llegó en 1791 con la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, un documento que respondió directamente a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada dos años antes por la Asamblea Nacional francesa, la cual ignoraba los derechos de las mujeres.

En este texto histórico, Olympe de Gouges sostuvo que las mujeres nacían libres y debían disfrutar de los mismos derechos políticos, civiles y legales que los hombres. Defendió su participación en la elaboración de las leyes, el acceso a los cargos públicos, la igualdad ante la justicia, el derecho a la propiedad, a la educación y a expresar libremente sus opiniones.

Uno de los planteamientos más innovadores de su declaración fue afirmar que, si las mujeres podían ser castigadas por las leyes del Estado, también debían tener el derecho de participar en su creación y en la elección de quienes las gobernaban. Aunque el sufragio femenino aún no era una demanda organizada como movimiento político, esta idea representó uno de los primeros argumentos modernos en favor de la participación electoral de las mujeres.

Sus escritos rompieron con la visión tradicional que relegaba a las mujeres al ámbito doméstico y defendieron que la ciudadanía no podía limitarse al sexo masculino. Estas ideas influyeron posteriormente en las pensadoras y activistas que, durante los siglos XIX y XX, lideraron las campañas por el derecho al voto en Europa y América.

La firme defensa de sus convicciones también la convirtió en una figura incómoda durante el período del Terror de la Revolución Francesa. Criticó los excesos del gobierno revolucionario y defendió la libertad de expresión, posiciones que le valieron ser arrestada por el Comité de Salvación Pública.

El 3 de noviembre de 1793 fue condenada a muerte y ejecutada en la guillotina, a los 45 años. Antes de su ejecución dejó un legado intelectual que sobrevivió a los intentos por silenciar su voz y que sería reivindicado por generaciones posteriores de feministas.

Aunque Francia no reconoció el derecho al voto de las mujeres hasta 1944, más de 150 años después de la publicación de su declaración, las ideas de Olympe de Gouges sirvieron de inspiración para quienes defendieron la igualdad política y la participación de las mujeres en la vida pública.

Hoy es considerada una de las grandes precursoras del feminismo moderno y de los derechos humanos. Su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana continúa siendo un referente histórico en la lucha por la igualdad de género y un antecedente fundamental del movimiento sufragista. Al afirmar que las mujeres debían ser reconocidas como ciudadanas plenas, Olympe de Gouges abrió el camino para que generaciones posteriores reclamaran el derecho al voto y la participación política en igualdad de condiciones.

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