Realizan conferencia Internacional Mujeres y Operaciones de Paz de la ONU

Se realizó la Conferencia Internacional «Mujeres y Operaciones de Paz de la ONU. Oportunidades y desafíos para una participación significativa», en el auditorio del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES) en el marco del Proyecto Elsie – Fuerzas Armadas de Uruguay con la presencia del subsecretario de Defensa, Marcelo Montaner, el director de Política de Defensa del MDN, Mag. Daniel Locatelli, la Gerenta del Fondo Elsie Deborah Warren-Smith y la directora del Programa de ONU Mujeres, Magdalena Furtado entre otras autoridades.

Fue un espacio en el que se compartieron buenas prácticas, lecciones aprendidas y desafíos para la participación significativa de mujeres en las actividades de paz de cara al futuro que emerge de los escenarios actuales.

Esta actividad se enmarca en el Proyecto Fuerzas Armadas de Uruguay- estrategias y acciones para superar las barreras al incremento de la participación significativa de mujeres en operaciones de paz, aprobado por el Fondo de la Iniciativa Elsie. Uruguay fue el primer país del mundo en presentar una propuesta de proyecto luego de completar una evaluación de oportunidades y barreras a la participación de mujeres en operaciones de paz aplicando la Metodología de Evaluación de las Oportunidades para las Mujeres en operación de Paz (MOWIP, por sus siglas en inglés), diseñada con este fin.

El Proyecto de referencia es liderado por el Ministerio de Defensa Nacional con ONU Mujeres y la Agencia Uruguaya de Cooperación internacional (AUCI) como sus socios estratégicos. Su visión es incrementar la participación voluntaria de mujeres en las Operaciones de Paz de la ONU en términos cuantitativos y cualitativos, logrando una mayor disponibilidad de mujeres aptas para ser desplegadas particularmente en roles operacionales. Adicionalmente, aspira a generar un mayor conocimiento sobre los obstáculos a la postulación y a mejorar las condiciones de despliegue.

Esta segunda conferencia internacional es una de las seis actividades que componen el Proyecto y apunta a mitigar dos de las barreras seleccionadas a partir del Estudio MOWIP en las Fuerzas Armadas uruguayas. Por un lado, la falta de información sobre la labor de los contingentes desplegados y, por otra parte, la incidencia que tienen las experiencias positivas y negativas de otros integrantes de las Fuerzas Armadas en sus despliegues, sobre la decisión de las mujeres a postularse.

La conferencia se articuló en tres módulos que combinan la exposición de expertos con intercambio de experiencias, perspectivas y espacios para preguntas y/o aportes de los participantes.

Módulo I: La agenda Mujeres, Paz y Seguridad del Consejo de Seguridad de la ONU y los Planes de Acción Nacionales: prácticas y lecciones aprendidas de las experiencias en el Cono Sur.

Módulo II: Buenas prácticas y lecciones aprendidas en la promoción de la participación de mujeres en actividades de paz y seguridad.

Módulo III: promoción de la participación de mujeres en operaciones de paz de la ONU: avances y desafíos hacia el futuro.

Se vio engalanada por seguir a la conferencia preparatoria de la ministerial de la ONU sobre operaciones de paz de la ONU, que se celebró durante los días 10 y 11 de diciembre de 2024 en Montevideo, coorganizada por Uruguay, Japón y Reino Unido.

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El auge del crimen organizado invisibiliza los feminicidios en México

La activista mexicana, una de las miembros fundadoras de Nuestras Hijas de Regreso a Casa A.C., Norma Andrade, sigue buscando justicia por el feminicidio de su hija en Ciudad Juárez en la frontera con Estados Unidos ocurrido en febrero del 2001. A pesar de dos atentados a su vida no abandona su lucha.

En el marco de la conmemoración de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, una campaña anual que se extiende hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, la activista insistió que la violencia contra mujer en México es escalofriante: Cada día entre nueve y diez mujeres son asesinadas, mientras la tasa de impunidad supera el 95%.

Según datos publicados por la propia ONU, 50,000 mujeres han sido asesinadas en México desde el 2001. En el caso de Norma Andrade, su hija Lilia Alejandra, es una de ellas.

Ciudad Juárez sigue siendo la ciudad mexicana más mortífera para las mujeres. Con más de 2526 mujeres asesinadas en tres décadas -del 1993 al 2023- y cientos desaparecidas, pese a los reclamos a las autoridades.

“En muy pocos casos se ha logrado justicia, ahí estamos hablando del 2 o 3% de los casos. Hemos encontrado jóvenes desaparecidas, algunas con vida, que son nuestros mayores logros. Hemos encontrado restos óseos de jóvenes desaparecidas, lamentablemente fallecidas y que únicamente se encuentra una parte de su cuerpo que para la familia también es un tesoro. Nosotros quisiéramos encontrar a todas nuestras jóvenes desaparecidas con vida”, insistió.

De acuerdo a estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en torno a la violencia machista en México son alarmantes. Cada día entre nueve y diez mujeres son asesinadas. La tasa de impunidad supera el 95%. Solo un 2% de los casos termina en sentencia y tan solo una de cada diez víctimas se atreve a denunciar a su agresor.

Ante la pregunta ¿Qué es lo que está fallando realmente?, Andrade dijo que, “Siempre he pensado que al Estado mexicano le falta crear política pública, que lo traigan en su agenda. Porque siempre tenemos que navegar contracorriente y somos nosotras las madres apoyadas por las académicas, por las feministas, por la sociedad civil, por las agrupaciones, quienes tenemos que ir y protestar y levantar la voz para que nos tomen en cuenta”.

El feminicidio trasciende fronteras

La violencia contra las mujeres es una crisis mundial, según un informe de ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Los datos regionales muestran que el feminicidio trasciende fronteras, estatus socioeconómicos y culturas, pero su gravedad varía.

África registró las tasas más elevadas de feminicidios relacionados con la pareja y la familia, con 21,700 mujeres asesinadas en 2023, seguida de América y Oceanía.

En Europa, el 64% de las víctimas fueron asesinadas por sus parejas íntimas; en América, fue el 58%.

El informe reveló que, a nivel mundial, 140 mujeres y niñas murieron cada día a manos de su pareja o de un familiar cercano en 2023, lo que supone una mujer asesinada cada 10 minutos. 

Arabia Saudita seleccionada en la Comisión de los Derechos de la Mujer de la ONU

La ONU anunció que Arabia Saudita integrará durante cuatro años la Comisión de Derechos de la Mujer, un cuerpo intergubernamental dedicado a promover la igualdad de género. Como era de esperar, la designación generó una fuerte polémica ya que la monarquía islámica tiene uno de los peores registros en relación al trato de las mujeres, según el Informe de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial 2016.

Las mujeres saudíes están privadas de derechos básicos como el trabajo, la conducción, la elección de su pareja para contraer matrimonio.

Otras de las formas «cautivas» tiene que ver con la dependencia en relación a la salida de la casa: salir de compras o pedir un servicio sanitario. En relación al tratamiento del cuerpo personal, la vestimenta es otro de los puntos a considerar porque las prendas de vestir pueden ser consideradas como «provocativas». De este modo, deben cubrir el cabello, el cuello y con la burka negra taparse todo el cuerpo hasta los pies.

La supervisión de la ONU United Nation Watch en boca de su director ejecutivo lo declaró de este modo: «Elegir a Arabia Saudita para proteger los derechos de las mujeres es como elegir a un pirómano para encabezar el servicio de bomberos de la ciudad», destacó Hillel Neuer citado por el diario británico The Independent.

Por otro lado, calificó a Arabia Saudita como «el régimen más misógino del mundo». En su opinión, ese nombramiento «ha decepcionado a millones de mujeres en todo el mundo que buscan protección en la organización internacional».

De acuerdo con el último informe sobre la brecha de género del Foro Económico Mundial, Arabia Saudita ocupa el puesto 141 entre los 144 países analizados, siete por debajo del año anterior y sólo por delante de Siria, Pakistán y Yemen.

Sin embargo, en la presentación realizada para solicitar su incorporación a la Comisión, este país manifestó su apoyo total al «empoderamiento de la mujer» en todos los niveles, permitiéndoles alcanzar «una serie de logros» a nivel local e internacional, lo que generó análisis sobre la ironía de la decisión.

Además, no sólo se descarta que la ley islámica por la que se rige el país, llamada sharia, limite o prive el acceso de las mujeres a sus derechos, sino que garantiza la igualdad de género, al tiempo que asegura que «la ley saudita no distingue entre hombres y mujeres».

La decisión de incluir al país en esta Comisión de la ONU no podría haber llegado en un momento más irónico, ya que a principios de este mes de abril, Dina Alí, una mujer saudita de 24 años que huyó de un matrimonio forzado rumbo a Australia para buscar asilo, fue devuelta a la fuerza a Arabia Saudita por las autoridades filipinas. La joven blogueó que su propia familia la mataría en casa por haber huido. El tío de Dina Alí viajó a la capital de Filipinas, Manila, y la llevó obligada de vuelta a Riad y por el momento no se sabe mucho de su destino, salvo lo informado por la agencia de noticias Bloomberg que indicó que la joven se encuentra en un centro de detención para mujeres menores de 30 años y todavía no ha enfrentado cargos.

Debido al abuso por parte de los hombres fueron registradas numerosas huidas de mujeres saudíes. Para prevenirlo, los hombres saudíes recurren a varios dispositivos para controlar y rastrear todos los movimientos de las mujeres, incluso si estas intentan marcharse del país.

Dada la situación en Arabia Saudita sobre la igualdad de género, puede parecer poco real que una monarquía tan conservadora se encargue de velar y proteger los derechos de la mujer en todo el mundo. Pero no irreal ya que a partir de 2018 Arabia Saudita asumirá sus nuevas responsabilidades ante la comunidad internacional.

Más de 21 millones de mujeres y niñas en Afganistán están privadas de sus derechos fundamentales, segun informe de la ONU

Pol Press

El informe, publicado el lunes 9 de diciembre, afirma que las mujeres y niñas enfrentan violaciones de sus derechos esenciales en los ámbitos social, económico y político.

Según el informe, las mujeres y niñas en Afganistán, bajo las restricciones impuestas por los talibanes, enfrentan necesidades humanitarias urgentes y riesgos de seguridad, lo que requiere un apoyo sostenido por parte de la comunidad internacional.

El informe destaca de manera particular las restricciones en educación, empleo y las prácticas discriminatorias de los talibanes, subrayando que los decretos talibanes en 2022 y 2023 han prohibido a las mujeres trabajar en instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales.

Además, señala que los talibanes han restringido severamente el acceso de las mujeres y niñas a la educación, lo que ha planteado serios desafíos a los esfuerzos de asistencia y ayuda humanitaria. Estas restricciones, lejos de disminuir, continúan intensificándose día a día.

El informe de la ONU se publica en un contexto en el que los talibanes han prohibido recientemente que las mujeres y niñas accedan a centros médicos.

A pesar de las amplias reacciones negativas tanto a nivel nacional como internacional, los talibanes siguen implementando sus restricciones contra las mujeres y niñas.

ONU solicita ayuda para dar «asistencia agrícola de emergencia» a 49 millones de personas

ROMA. – La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) necesita 1.900 millones de dólares para proporcionar «asistencia agrícola vital» a 49 millones de personas, que «podrían producir sus propios alimentos y salir de la inseguridad alimentaria aguda» en 2025.

El objetivo es «salvar las vidas y los medios de subsistencia de algunas de las poblaciones más afectadas por la seguridad alimentaria del mundo», explicó la agencia de Naciones Unidas en un comunicado.

La escalada de violencia en zonas como Gaza, Sudán o Haití, afectadas por «crisis de hambre extrema», está provocando «un momento de hambre aguda que se hace cada vez más patente en las principales crisis alimentarias del mundo».

La petición de la FAO forma «parte del llamamiento humanitario a gran escalada de Naciones Unidas lanzado hoy».

En 2024, el número de personas a nivel mundial que se enfrentan o se prevé que enfrenten «condiciones catastróficas de hambre» aumentó «más del doble», pasando de 705.000 personas en cinco países y territorios en 2023 a 1,9 millones a mediados de 2024 en lugares como Gaza, Haití, Malí, Sudán del Sur y Sudán.

Todo ello, además, se ve condicionado «por fenómenos meterológicos provocados por El Niño y la Niña, y la crisis climática en general también llevó a millones de personas al borde del abismo».

También las personas «que ya eran vulnerables» se vieron «muy afectadas por las sequías en el sur de África, partes del Pacífico, y en todo el Corredor Seco de América Central, así como por las grandes inundaciones en África occidental».

«El futuro inmediato es profundamente preocupante, sin señales de que los principales impulsores de hambre aguda (conflictos, fenómenos climáticos extremos y crisis económicas) disminuyan este 2025», alerta la FAO.

De acuerdo con Beth Bechdol, directora general adjunta de la FAO, parte de la solución a estas problemáticas puede ser «la asistencia agrícola de emergencia», lo que podría constituir «un salvavidas» y «una vía de salida del hambre, incluso en medio de la violencia y las perturbaciones climáticas».

Sin embargo, «con demasiada frecuencia, solo una fracción de la ayuda humanitaria para las crisis se asigna a proteger los medios de vida agrícolas».

«Estamos viendo importantes carencias en la financiación de este tipo de intervenciones agrícolas», añade.

FUENTE/EFE 

Redes de cambio: Mujeres y adolescentes indígenas de Costa Rica reescriben su historia a través de la solidaridad y la salud

“Ser una mujer empoderada significa confianza, fuerza y ganas de salir adelante”, explica Ericka, una adolescente indígena del Liceo Rural Kabebata, en Alto Quetzal, una comunidad ubicada en una zona montañosa a cuatro horas de la capital de Costa Rica. En esta región, donde predomina la cultura cabécar, una de las ocho culturas indígenas del país, Ericka, su compañera Crystel y Cindy, la oficial de vigilancia del centro educativo, coinciden en que las mujeres nunca habían sido protagonistas, históricamente relegadas al rol de apoyo del hombre.

“En la cultura cabécar, siempre se ha creído que las mujeres no pueden salir adelante. Los hombres van primero porque son los que trabajan, y las mujeres tienen que estar pendientes de ellos”, explica Cindy, quien, como madre, ha enseñado a sus hijas que este patrón “no tiene por qué ser así”.

En una dinámica, Ericka y Crystel hablan sobre sus emociones mientras construyen una red, que representa la red de apoyo que han creado con sus compañeras.
En una dinámica, Ericka y Crystel hablan sobre sus emociones mientras construyen una red, que representa la red de apoyo que han creado con sus compañeras.

Crystel, con apenas 19 años, subraya que es hora de romper con esas barreras, con el machismo y con la violencia hacia las mujeres: “El hecho de estar en una zona indígena no significa que tenemos que seguir con las reglas del pasado. Las mujeres podemos salir adelante”, afirma.

Este cambio de mentalidad no es casual. Ericka, Crystel y Cindy son parte de un grupo de más de 150 mujeres que han participado en el proyecto Redes de apoyo entre mujeres indígenas adolescentes (Redes RIMA), una iniciativa desarrollada desde 2021 por la Secretaría Técnica de Salud Mental del Ministerio de Salud de Costa Rica, en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Enfocado en empoderar a las mujeres de nueve de los 24 territorios indígenas del país, el proyecto surgió como respuesta al impacto en la salud mental de la pandemia de COVID-19, pero fue más allá de la crisis inmediata al abordar una problemática histórica: la invisibilidad de las mujeres cabécares.

Karen Méndez, orientadora del Liceo Rural Kabebata, explica que “la pandemia subrayó una necesidad que existe desde hace muchos años: la de trabajar en la cultura del silencio que predomina en las mujeres cabécares”. En respuesta, se desarrolló un programa de capacitación para facilitadoras locales, quienes recibieron herramientas metodológicas para crear planes de trabajo enfocados en las necesidades de las jóvenes de cada comunidad.

A través de talleres y actividades formativas, los temas abordados incluyeron el manejo de emociones, el empoderamiento femenino, la sororidad, el autocuidado de la salud -con énfasis en la salud mental- y el desarrollo de un proyecto de vida.

Los resultados de este proyecto, que busca mejorar tanto la salud como la equidad de género, también han incluido la promoción de la vacunación, como parte de un esfuerzo conjunto de la OPS y el proyecto Mejora al Acceso Equitativo y la Cobertura de Vacunación contra el COVID-19, financiado por el gobierno de Canadá.

“Trabajando con la OPS vemos que la salud global va junto con la igualdad de género”, subraya la embajadora de Canadá en Costa Rica, Ioanna Sahas Martin, quien destaca que este enfoque refleja la política de asistencia internacional de Canadá, que viene apoyando proyectos para empoderar a las mujeres en comunidades vulnerables.

Para las participantes, lo aprendido ha sido invaluable, pero lo que más destacan es el impacto en la solidaridad entre mujeres (sororidad) y su empoderamiento. “Este proyecto nos ayudó a ver que somos capaces de hacer cualquier cosa y que podemos salir adelante”, asegura Crystel, a quien, aunque al principio le costó interactuar con otras mujeres, con el tiempo aprendió a confiar en sus compañeras y a apoyarse mutuamente.

Los primeros resultados de Redes RIMA ya son visibles en los colegios, donde las estudiantes han comenzado a ocupar roles de liderazgo y a participar activamente en deportes, concursos y actividades extracurriculares. Karen, la orientadora, está orgullosa de los avances: “Este año hemos visto la feria científica liderada por chicas del proyecto. En fútbol, llegaron a la final y, por primera vez, tenemos un gobierno estudiantil liderado por una mujer”.

La OPS/OMS destaca dos principios fundamentales en el éxito de este proyecto: el empoderamiento de las comunidades y la sostenibilidad. Alfonso Tenorio, Representante de la Organización en Costa Rica, explica que la clave está en cómo las comunidades se han apropiado del proyecto, definiendo los temas a abordar según sus propios intereses, necesidades y características culturales. Además, destaca, “las comunidades se han comprometido a mantener el proyecto y expandirlo con sus propios medios”, apoyadas por facilitadoras locales que ocupan puestos clave, como ocurre en Alto Quetzal, donde Cindy y Karen trabajan en el Ministerio de Educación Pública en el colegio local.

La capacidad de las participantes para compartir lo aprendido con otras personas de la comunidad también ha sido fundamental. “El mensaje no se queda en el colegio, las chicas lo comparten con sus abuelas, abuelos, tíos, hermanas y amigos”, comenta Cindy. A través de este intercambio de conocimientos, el empoderamiento no solo transforma la vida de las jóvenes, sino que también genera un cambio cultural que respeta las tradiciones, pero que promueve la equidad de género.

Mauren Sánchez, una de las jóvenes artistas que participa en el proyecto, ha plasmado esta transformación en sus dibujos, que actualmente se exhiben en las instalaciones de la Delegación de la Unión Europea en Costa Rica. En su obra, Mauren refleja cómo ella y sus compañeras se han convertido en agentes de cambio al promover el empoderamiento y la solidaridad.

“A través de mi arte deseo rendir homenaje a la historia de las mujeres cabécares, reconociendo la fuerza que representa ser mujer en una zona indígena y transmitiendo un mensaje de respeto, admiración y sororidad”, explica la joven artista.

El mensaje de Mauren y sus obras no sólo reflejan los resultados de un proyecto, que está mejorando la calidad de vida de las jóvenes, sino que ilustran el impacto tangible de la cooperación técnica en la vida cotidiana, transformando comunidades y empoderando a las mujeres para que puedan ser protagonistas de su propia historia.

Malala Yousafza, premio Nobel de la Paz: “Nunca me imaginé que los derechos de las mujeres se perderían tan fácilmente”

Amber Sandhu y Kulsum Hafeji

Una bala no logró silenciarla, y ahora Malala Yousafzai le presta su voz a las mujeres de Afganistán.

Los derechos de las mujeres se han erosionado tanto en los pocos años desde que los talibanes recuperaron el control del país que hasta cantar está prohibido.

Malala tiene una historia personal con los talibanes del otro lado de la frontera, en Pakistán, después de que un hombre armado del grupo islamista de línea dura disparara contra ella mientras estaba sentada en un autobús escolar.

La velocidad del cambio en Afganistán, si no la brutalidad, ha sorprendido a Malala, quien desde ese tiroteo casi fatal en 2012 ha hecho campaña por la igualdad.

“Nunca imaginé que los derechos de las mujeres se perderían tan fácilmente”, le dijo Malala a la emisora de radio de la BBC Asian Network.

“Muchas chicas se encuentran en una situación muy desesperada y deprimente en la que no ven ninguna salida”, dice la ganadora del premio Nobel de 27 años.

“El futuro se les presenta muy oscuro”.

Regreso

Una mujer caminando en Afganistán

Fuente de la imagen,Getty Images

En 2021, los talibanes recuperaron el poder en Afganistán, 20 años después de que una invasión liderada por EE.UU. derrocara su régimen tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

En los tres años y medio transcurridos desde que las fuerzas occidentales abandonaron el país, las “leyes de moralidad” han hecho que las mujeres en Afganistán hayan perdido decenas de derechos.

Un código de vestimenta obliga a las mujeres a ir completamente cubiertas y unas normas estrictas les prohíben viajar sin un acompañante masculino o mirar a un hombre a los ojos a menos que tengan parentesco de sangre o matrimonio.

“Las restricciones son tan extremas que ni siquiera tienen sentido para nadie”, afirma Malala.

Naciones Unidas afirma que las normas equivalen a un “apartheid de género”, un sistema en el que las personas se enfrentan a una discriminación económica y social basada en su sexo y algo que el grupo de derechos humanos Amnistía Internacional quiere que se reconozca como un delito en virtud del derecho internacional.

Pero los talibanes han defendido las normas, que afirman que son aceptadas en la sociedad afgana, y alegan que la comunidad internacional debe respetar “las leyes islámicas, las tradiciones y los valores de las sociedades musulmanas”.

Una mujer con una mano

Fuente de la imagen,Apple TV+

“Las mujeres lo han perdido todo”, afirma Malala.

“Ellos [los talibanes] saben que para quitarles los derechos a las mujeres hay que empezar por lo más básico, que es la educación”.

La ONU afirma que desde la toma del poder, más de un millón de niñas no asisten a la escuela en Afganistán (alrededor del 80%) y que en 2022 a unas 100.000 estudiantes se les prohibió cursar estudios universitarios.

También se ha informado de una correlación entre la falta de acceso a la educación y el aumento del matrimonio infantil y de las muertes durante el embarazo y el parto.

“Las mujeres afganas viven ahora tiempos muy oscuros”, denuncia Malala.

“Pero muestran resistencia”.

Mostrando la realidad

La activista nacida en Pakistán, que se convirtió en la persona más joven en ganar un premio Nobel de la Paz, es productora ejecutiva de una película próxima a estrenarse –Bread & Roses– que documenta las vidas de tres mujeres afganas que viven bajo el régimen talibán.

El filme sigue a Zahra, una dentista obligada a abandonar su consultorio; a la activista Taranom, que huye a la frontera; y a la empleada del gobierno Sharifa, que pierde su trabajo y su independencia.

Pero la película no trata solo de las historias de tres mujeres, dice Malala.

“Trata de los 20 millones de niñas y mujeres afganas cuyas historias pueden no llegar a nuestras pantallas”.

Bread & Roses fue dirigida por la cineasta afgana Sahra Mani, y la actriz estadounidense Jennifer Lawrence ejerció como productora.

Talibanes revisando libros para prohibir.

Fuente de la imagen,Getty Images

Sahra le cuenta a Asian Network que su misión era “contar la historia de una nación bajo la dictadura talibán”.

“Con qué lentitud se han ido quitando todos los derechos”.

Sahra logró huir de Afganistán después de que el gobierno respaldado por Estados Unidos colapsara tras la retirada de las tropas en agosto de 2021.

Pero se mantuvo en contacto con las mujeres de su país, quienes le compartían videos que después ella recopiló y archivó.

“Era muy importante encontrar mujeres jóvenes, modernas y educadas que tuvieran talento y estuvieran dispuestas a dedicarlo a la sociedad”, dice Sahra.

“Estaban listas para construir el país, pero ahora tienen que quedarse en casa y no hacer casi nada”.

Mujeres resistiendo al talibán en Afganistán

Fuente de la imagen,Apple TV+

Aunque la película aún no se ha estrenado, Sahra cree que la situación en Afganistán ya se ha deteriorado hasta el punto de que sería imposible hacerla si empezara ahora.

“En aquella época, las mujeres todavía podían salir a manifestarse”, dice.

“Hoy en día, a las mujeres ni siquiera se les permite cantar… la situación se está volviendo más difícil”.

Las imágenes de primera mano muestran a las mujeres en las protestas: no paraban de grabar mientras eran arrestadas por los talibanes.

Y Sahra dice que el proyecto se volvió más difícil con el tiempo, ya que se les quitaban más derechos.

“Nos sentimos muy honrados de que estas mujeres confiaran en nosotras para compartir sus historias”, señala.

“Y para nosotros era muy importante poner su seguridad entre nuestras prioridades.

“Pero cuando salieron a la calle a pedir sus derechos, no fue por el documental.

“Fue por ellas, por su propia vida, por su propia libertad”.

Rebeldía

Mujeres afganas jugando

Fuente de la imagen,Apple TV+

Malala dice que, para las mujeres de Afganistán, “la rebeldía es un gran desafío”.

“A pesar de todos estos desafíos, están en la calle y arriesgando sus vidas con la esperanza de un mundo mejor para ellas”.

Las tres mujeres que aparecen en la película ya no viven en Afganistán y Sahra y Malala esperan que la película sensibilice sobre lo que las mujeres que siguen viviendo allí tienen que soportar.

“Están haciendo todo lo que pueden para luchar por sus derechos, para alzar la voz”, dice Malala.

“Están poniendo mucho en riesgo. Es hora de que seamos sus hermanas y sus defensoras”.

Malala también espera que el documental genere más presión internacional sobre los talibanes para que restablezcan los derechos de las mujeres.

“Me quedé completamente impactada cuando vi la realidad de la toma del poder por parte de los talibanes”, cuenta.

“Realmente tenemos que cuestionarnos qué tipo de sistemas hemos establecido para garantizar la protección de las mujeres en Afganistán, pero también en otros lugares”.

Malala en un acto público

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Y aunque Bread & Roses trata historias de pérdida y opresión, la película también habla de resiliencia y esperanza.

“Hay mucho que aprender de la valentía y el coraje de estas mujeres afganas”, dice Malala.

“Si no tienen miedo, si no están perdiendo ese coraje para enfrentarse a los talibanes, deberíamos aprender de ellas y solidarizarnos con ellas”.

El título en sí está inspirado en un dicho afgano.

“El pan es un símbolo de libertad, de ganar un salario y de mantener a la familia”, explica Sahra.

“Tenemos un dicho en mi idioma que dice que ‘quien te dio el pan es quien te da órdenes’.

“Así que si encuentras tu pan, eso significa que eres tu propio jefe”.

Ese es exactamente el futuro que espera ver para las mujeres de Afganistán y, basándose en lo que ha visto, cree que lo lograrán al final.

“Las mujeres en Afganistán cambian constantemente de táctica”, apunta.

“Siguen buscando una nueva forma de seguir luchando”.

EE.UU. anuncia nueva ayuda a Ucrania valorada en 725 millones de dólares

Por L.GÓMEZ

La guerra en Ucrania cumple este martes 1.014 días desde el inicio de la invasión de Rusia. Estas son las novedades:

  • Zelenski aifrma que la paz solo será posible con más apoyo de armas occidentales y una diplomacia de mano dura.
  • Rusia acusa a Occidente de buscar un alto el fuego con el único fin de rearmar a Kiev, pero no rechaza negociar.
  • Ucrania sigue buscando formas de reclutar a suficientes soldados deteniendo las deserciones pero sin recurrir a nuevas leyes de movilización.

El secretario general de la OTN, Mark Rutte, ha advertido al próximo presidente de estadounidense, Donald Trump, que un acuerdo de paz para acabar con la guerra en Ucrania que sea favorable a Rusia significaría una “amenaza grave de seguridad” no solo para Europa, sino también para Estados Unidos.

“No podemos tener una situación en la que [el líder norcoreano] Kim Jong Un, el líder ruso, [el chino] Xi Jinping e Irán estén ‘chocando los cinco’ porque tengamos un acuerdo que no sea bueno para Ucrania, porque en el largo plazo habrá una amenaza grave de seguridad no solo para Europa sino también para Estados Unidos”, ha afirmado Rutte en una entrevista en el diario británico Financial Times.

Mujeres y niñas obligadas a huir se enfrentan a un alto riesgo de violencia de género

Más de 60 millones de mujeres y niñas que se encuentran desplazadas por la fuerza o son apátridas se enfrentan a un alto riesgo de violencia de género, pero el financiamiento para los servicios vitales que las apoyan es lamentablemente escasa, advirtió la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Los datos de la ONU revelan que las denuncias de violencia sexual relacionada con los conflictos aumentaron en un 50% el año pasado con respecto a 2023, y las mujeres y las niñas representaron el 95% de los casos verificados.

Sin embargo, estas cifras “representan una pequeña fracción de la realidad”, ya que muchos casos no se denuncian, apuntó la Agencia.

Acceso a la justicia limitado

“En muchos lugares remotos, el acceso humanitario está cortado o los recursos y la asistencia son escasos. El acceso a la justicia también sigue siendo limitado y los supervivientes temen represalias y marginación social”, dijo la portavoz de ACNUR, Shabia Mantoo.

Mantoo detalló que los trabajadores que operan en situaciones de conflicto reciben noticias constantes de supervivientes que han sufrido violencia brutal, tortura, explotación sexual, violencia sexual y otros horrores, incluso como arma de guerra.

En la República Democrática del Congo, por ejemplo, los cuerpos de las mujeres y las niñas se han convertido en una extensión del campo de batalla en medio de la violencia cíclica y el empeoramiento de la inseguridad, aún en los lugares de desplazamiento. Además, los informes de violencia de género aumentaron este año, y la violación constituye la mayoría de los abusos.

“En Chad, las mujeres han denunciado haber sido violadas mientras huían del conflicto en Sudán”, citó Mantoo.

“En Afganistán, las crecientes restricciones a las mujeres y las niñas, las altas tasas de violencia doméstica en el hogar y el empeoramiento general de la situación económica están contribuyendo a una crisis de salud mental, y los socios del ACNUR informan de un aumento del número de pacientes que buscan ayuda”.

Riesgos durante los desplazamientos

Las mujeres refugiadas y migrantes que se desplazan por las rutas hacia el Mediterráneo siguen denunciando que se enfrentan a la violencia y la explotación sexuales, la esclavitud y la trata de personas. Los organismos humanitarios estiman que el 90% son violadas.

Mientras tanto, las supervivientes de la violencia sexual que han huido a los países vecinos suelen permanecer en situaciones precarias, debido a los riesgos adicionales de violencia de género que pueden afrontar durante su desplazamiento y a las demoras en el acceso a los servicios, que pueden ser limitados.

“Además de la violencia sexual relacionada con el conflicto, las mujeres y las niñas desplazadas por la fuerza también se enfrentan a altos riesgos de violencia de pareja. En determinados entornos de desplazamiento, se estima que los riesgos para ellas son un 20% superiores a los de las mujeres y las niñas no desplazadas”, precisó la portavoz de ACNUR.

Además, las formas interrelacionadas de discriminación también aumentan los riesgos, incluso para las mujeres y niñas con discapacidad, las que viven en la pobreza o que tienen orientaciones sexuales, identidades de género, expresiones de género y características sexuales diversas, añadió.

Las medidas tempranas de prevención salvan vidas

Mantoo argumentó que las medidas tempranas y efectivas de prevención y respuesta a la violencia de género para las mujeres y niñas afectadas por el desplazamiento forzado y el conflicto salvan y cambian vidas, pero hizo hincapié en que el financiamiento está muy por debajo de las necesidades.

“Por ejemplo, para seis grandes planes regionales de respuesta a los refugiados –que cubren las necesidades humanitarias de los refugiados de la República Democrática del Congo, Afganistán, Sudán, Ucrania, Sudán del Sur y Siria– la programación de la violencia de género para todo el año para todas las organizaciones participantes, que asciende a 236 millones de dólares, actualmente sólo está financiada en un 28%”, precisó.

ACNUR ha destacado especialmente este problema durante los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, una campaña mundial anual que se lleva a cabo del 25 de noviembre al 10 de diciembre.

La Agencia teme que sin el financiamiento adecuado, millones de mujeres y niñas desplazadas por la fuerza no puedan acceder a servicios esenciales el próximo año.

Latinoamérica se arropa de morado ante la lucha de la no violencia contra la mujer

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Todos los países de América Latina y el Caribe cuentan con algún tipo de leyes para intentar prevenir la violencia contra las mujeres. En ese contexto, como cada 25 de noviembre, miles de mujeres recordaron este lunes a gritos recorriendo las calles de muchas ciudades de la región que los abusos y las muertes continúan a un ritmo inaceptable.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la entidad que asegura que todos los países de la región tienen algún tipo de normativa al respecto, habló de una “pandemia en la sombra” y ofreció cifras.

En 2022, mataron por razones de género al menos a 4.050 mujeres en la región. En 2023, bajó este número a 3.897, pero sin lugar para la euforia. En sólo seis países —Colombia, Chile, Guatemala, Panamá, Paraguay y Uruguay— hubo 760 tentativas de feminicidio.

Una de cada cuatro mujeres en la región ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de su pareja al menos una vez en su vida y una de cada cinco niñas y adolescentes están expuestas con matrimonios forzados.

Para denunciar esta situación, cada año se convocan marchas y protestas a nivel global

En Ciudad de México, unas activistas llevaban a hombros a una compañera que simulaba estar muerta y metida en una bolsa negra de basura, como muchas veces se encuentran los cadáveres en este país.

En Quito, Ecuador, los carteles por el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer clamaban que “Violento es el sistema, la lucha es la respuesta” o “Mamá, grito lo que tú callaste”.

En Bogotá, decenas exigían a gritos el fin de la impunidad frente a la sede de la fiscalía de Colombia, un país que vio cómo en septiembre un grupo armado del oeste del país llegó a anunciar en redes su “plan feminicidio” que era declarar “objetivo militar” a las mujeres familiares y parejas de sus enemigos. Para Natalia Correa, de la plataforma feminista Somos un Rostro Colectivo, ese suceso demostró el desprecio absoluto por los derechos humanos que el sistema colombiano permite.

La Cepal denuncia que menos de un tercio de las mujeres que viven estas situaciones utilizan los servicios públicos diseñados para ellas, por lo que urgió a los estados a generar más confianza en las instituciones y recordó que este tipo de violencias tiene más víctimas: hijos, hijas y personas dependientes de las mujeres.

El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, dijo sentirse “avergonzado” por todos estos datos mientras en Argentina se hablaba de recortes. Amnistía Internacional denunció que, entre otros ajustes del gobierno de Javier Milei, estaba la eliminación de la línea exclusiva para denunciar violencia de género.

Aunque las metodologías difieren, los datos de la Organización de Naciones Unidas son igual de preocupantes. En el mundo, aproximadamente 51.100 mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas o familiares durante 2023, una cada 10 minutos.

Y como recordaron en Tijuana en un acto del domingo, no se trata de números, sino de personas. Por eso en esta ciudad del extremo oeste de la frontera mexicano-estadounidense la protesta fue leer sus nombres.

En las marchas, predominó un ambiente festivo pese a las reivindicaciones. Donde no las hubo, como en Cuba, se celebró que, al menos, por primera vez se dieran datos de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas.

También hubo un llamamiento de los colectivos a continuar esta lucha unidas, máxime en momentos en los que la violencia cruza fronteras.

Según la ONU, el 60% de las mujeres en movilidad ha sido víctimas de acoso o violencia. “Niñas de 12 años reciben inyecciones anticonceptivas ante el alto riesgo de ser violadas en el trayecto”, denunció.

De hecho, para las activistas mexicanas fue motivo de celebración que justo el lunes, el congreso del Estado de México, la región más poblada del país, siguiera la tendencia de la mayoría de territorios de la nación y aprobara la despenalización del aborto hasta las 12 semanas de embarazo.

La ONU recordó también los millones de mujeres jóvenes que fueron víctimas de ciberacoso el año pasado solo en México o la normalización que se hace de este tipo de violencias en muchos lugares.

“No es normal, es violencia”, decía uno de los lemas de una campaña del gobierno de México —liderado por primera vez por una mujer— para subrayar que determinadas actitudes muy aceptadas no deben tolerarse.

Su presidenta, Claudia Sheinbaum, que tomó posesión el 1 de octubre de un país con muchos territorios azotados por la violencia generalizada de los cárteles, dijo el lunes que no quiere ser sólo un “símbolo”.

“No veo cómo una mujer pueda cambiar cierta situacion si se sigue teniendo el mismo discurso”, decía la estudiante Re Cabrera mientras se manifestaba en Ciudad de México. “No se quiere escuchar a las víctimas”.

Aunque hay reformas legales en marcha para que haya fiscalías especializadas en violencia de género en todo el país, en las calles de la capital, como en toda Latinoamérica, las activistas querían resultados: justicia y ni una muerta más.

Los periodistas de The Associated Pres Astrid Suárez, desde Bogotá; Gonzalo Solano, desde Quito; Marcelo Androetto, desde Buenos Aires; Sonia Pérez D., desde Ciudad de Guatemala; Fernanda Pesce, desde Ciudad de México: y Andrea Rodríguez, desde La Habana, contribuyeron a esta nota.

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